martes, 7 de abril de 2009

JORGE ELIECER GAITAN - 60 AÑOS DE IGNOMINIA.


JORGE ELIECER GAITAN - 60 AÑOS DE IGNOMINIA.

Por El infiltrado.

Ofiprensa CEPAMOS.






Después de transcurridos 60 años de un crimen que partió la historia de Colombia en dos nada ha cambiado aún. Los medios escritos que registraron ese terrible aniversario lo citan desde una perspectiva histórica errada, como si la intención siempre hubiera sido la de asesinarlo reiteradamente tanto en su dimensión física, como en su dimensión social e histórica. Exceptuando un par de columnas en el Espectador y la revista Cambio, todas las demás se limitan a desarrollar una reseña baladí de los acontecimientos, no se podía esperar otra cosa de unos medios que tradicionalmente han pertenecido a la oligarquía y que han utilizado su enorme poder para influir y moldear la siempre manipulable conciencia social colombiana. El tema ha servido como insumo para novelas, ensayos e incluso guiones de cine y televisión… pero el objetivo sigue siendo el mismo, inmortalizar estos acontecimientos desde una óptica no tan incomoda.

Desde su llegada de Europa en 1927 donde adelantó estudios de especialización en criminalística de la mano del reconocido criminalista italiano Enrico Ferri, se había ganado un espacio entre los más destacados abogados en Colombia. Gaitan un abanderado de los derechos civiles y la soberanía nacional se había insertado en las filas políticas del liberalismo y desde ese escenario había logrado ponerse al frente ante el congreso en las denuncias de los crímenes de los trabajadores del sector bananero ocurridas en 1926: el asesinato de por lo menos tres mil obreros a manos del ejercito que sólo reclamaban el pago de sus salarios a la multinacional United Fruit Company ( ahora Chiquita Brands) donde descubrió que los generales usan ante todo las rodilleras. Gaitan hizo hincapié en la inapelable y urgente reforma agraria, que no era otra cosa que darle continuidad a la ley 200 esgrimida en la administración de López Pumarejo ( 1934-1938 ).

En 1930, después de 44 años de hegemonía conservadora, fue elegido presidente de Colombia el antioqueño Enrique Olaya Herrera, político liberal plenipotenciario en Washington durante las últimas administraciones conservadoras. Olaya personificaba la tendencia del capitalismo colombiano, buscar la ayuda del capitalismo financiero norteamericano, en tal sentido fue expedida la ley orgánica del petróleo que consagro el régimen de concesiones a los monopolios petroleros mediante regalías. El petróleo crudo exportado salía sin que su valor entrase a formar parte del acervo de divisas, no obstante ser el segundo reglon de exportaciones ( el primero ya era el café, tal como ahora )

En 1934 al concluir el periodo de Olaya Herrera, fue elegido presidente de la república el jefe del liberalismo Alfonso López, quien puso en marcha la república liberal concebida como un movimiento social encaminado en romper las trabas feudales, al desarrollo nacionalista. López se negó a poner a las fuerzas armadas al servicio de los latifundistas e hizo dictar una ley de tierras basada en la posesión por el cultivo y la prescripción del dominio sobre fundos ociosos; estableció una reforma tributaria que modifico la tasa e incidencia del impuesto sobre la renta y gravó por vez primera el patrimonio y el exceso de utilidades. La industria nacional, protegida por barreras arancelarias, se vio obligada a mejorar las condiciones de los trabajadores, sometió el capital extranjero al cumplimiento de las leyes sociales y la suspensión del servicio de la deuda exterior se aplicó a vigorizar a la economía nacional.

Sucedió a López en la presidencia de la república el liberal Eduardo Santos ( 1942-1946 ), periodista liberal de centro, quien llegó al poder con el encargo de garantizar a la burguesía industrial y al capital extranjero, que no se avanzaría mas allá de las enmiendas hechas y que sería frenado el impulso obrero adquirido durante el gobierno de López. Su administración mantuvo el criterio intervencionista para proteger el crecimiento industrial y el ritmo de progreso de la administración.

De 1941 a 1949 el capitalismo se había concentrado y asumido formas monopolísticas: cinco grandes empresas controlaban la mayoría del capital y derivaban utilidades del 75% anual en sus inversiones de capital

Por otro lado la figura política de Gaitán subía como la espuma, un hombre que a través de la fuerza de su discurso y la transparencia de su proceder, había logrado calar en las masas populares instalándose en la cúspide donde ningún otro político había logrado llegar jamás. Éste había logrado diluir el escenario bipartidista de las masas, donde lo que había predominado hasta ese momento era la división social entre seguidores rojos y azules, todos campesinos y muertos de hambre. Gaitan logró desempeñarse en varios cargos públicos: alcalde de Bogotá en 1936, Magistrado de la corte suprema en 1939, Ministro de educación en 1940, Ministro de trabajo en 1943 entre otros cargos.

Las elecciones presidenciales de 1946 tenían un ambiente enrarecido y putrefacto. Los liberales se postulaban con dos candidatos: Gabriel Turbay, de las elites del partido oficialista y el otro que postulaba la masa, Jorge Eliécer Gaitan. Por su parte los conservadores, como bien lo sabe la historia, fue el designado Mariano Ospina Pérez. Como resultado de la división liberal obtuvo el poder el partido conservador, en el que predomino tendencias ultraderechistas, su triunfo fue precario porque las fuerzas de oposición controlaban el parlamento, Entonces de manera sistemática se inició una acción terrorista encaminada a destruir los cuadros dirigentes y los contingentes de la oposición.

Este escenario gaitanista de masas populares que crecía con el paso del tiempo, debió recibir la violencia exacerbada del Estado. La asquerosa idea del gobierno conservador de intimidar a las masas gaitanistas con las masacres de 1946 a 1948 con el ejercito conservatizado, había realizado más de 15.000 ejecuciones extrajudiciales o asesinatos de simpatizantes gaitanistas, principalmente campesinos: (unos años después harían lo mismo con la UP ). Antiguas haciendas que habían sido parceladas fueron reconstruidas y nuevos latifundios se formaron sobre el despojo violento de los campesinos.

La imponente marcha del silencio realizada en febrero de 1948 para reclamarle al gobierno conservador de Mariano Ospina Pérez por estos crímenes, ubicaba al caudillo como una figura preponderante y desafiante al establecimiento. Por otro lado los preparativos para la IX conferencia Panamericana que se iba a desarrollar en Bogotá con el fin de instituir una organización de Estados Americanos, bajo la tutela de EE UU. ( el invitado de honor fue el General George Marschall- secretario de EE UU ), tuvo como una de sus prioridades cerrar filas ante la galopante influencia del comunismo en el mundo.

Laureano Gómez en sus funciones de canciller fue encargado de la organización. A pesar de las diferencia políticas los dirigentes tradicionales de los dos partidos coinciden en presentar ante los visitantes una cara moderna de la capital. A pesar de su popularidad Gaitán no hace parte del comité organizador, el líder de las mayorías urbanas está excluido del acontecimiento más importante de su ciudad.

Los detractores de Gaitan, en el que se confunden las elites de ambos partidos, han construido una imagen de un hombre ligado al escenario comunista- socialista en unos casos, y en otros simplemente lo señalan de ser un político irresponsable que apela a las más bajas pasiones de sus seguidores. Algunos caricaturistas de la época que le son adversos, extreman sus rasgos físicos y lo convierten desde sus prejuicios raciales en un indio o en un negro, en una sociedad en la que la clase alta se considera de raza blanca, lo negro y lo indígena es usado contra Gaitan para subrayar el carácter extraño y advenedizo

El viernes nueve de abril al medio día, la cúpula del poder ( Mariano Ospina y su canciller Laureano Gómez ) presencian acompañados de sus esposas una exposición de ovejas en una feria agropecuaria en donde el invitado más ilustre seria don George Marschall, secretario de EE UU. Estos se desplazan a un almuerzo en una finca del occidente de la capital. A esa misma hora pasada la una de la tarde, después de salir de almorzar del Hotel Continental con unos “amigos” encabezados por Plinio Mendoza Neira y 61 días después de haber realizado la imponente marcha del silencio, el caudillo es asesinado. El 17 de abril de ese mismo año el siniestro gobierno de Mariano Ospina Pérez emite un decreto presidencial por el cual la casa del caudillo es declarada museo nacional y así logra expulsar de su propiedad a su esposa y a su hija de tan sólo nueve años.

60 años después la figura del caudillo ha sido diluida, tergiversado su ideario político y los medios registran el suceso como la noticia snob del momento. Los principales medios escritos del momento siguen siendo de las elites partidistas: El colombiano de Medellín, periódico conservador, propiedad de la influyente familia Gómez Martínez, registra el aniversario como un “acontecimiento caótico” y reproduce un liviano análisis del director de otro periódico conservador ( Jorge Emilio Sierra Montoya ) del diario financiero de la Republica, en donde le dan un tinte de social demócrata. El se declaraba liberal de izquierda.

El periódico conservador caleño, diario El país, de la familia Lloreda, realiza una descripción superflua de los hechos, hacen un pequeño perfil del hombre y mencionan eso sí con mucho hincapié, los desmanes de aquel fatídico día. Los otro dos periódicos, El Tiempo, otrora diario liberal de la familia Santos ( Ultra derechistas ) señalaron lo mismo que los anteriores diarios, pendejadas.

El Semanario el Espectador realiza una interesante separata, pero no aporta nada nuevo, mas allá de dedicarle una columna entera al chivo expiatorio Juan Roa Sierra; por otro lado se destaca el siempre punzante Alfredo Molano, que desde una perspectiva academicista, desarrolla una aguada critica a la academia que no ha hecho otra cosa que anular de los textos escolares, el paso de gaitan por el acervo histórico, y como lo señala el:

Los contables del régimen no suman, siempre restan. Y borran como borran los historiadores oficiales. Es su oficio. Para eso les pagan. Gaitan ha desaparecido de los libros- si los ahí- de historia escolar, la que llamábamos historia patria. En los colegios privados por razones obvias, pero también en los colegios públicos, no solo Gaitan a desaparecido, la historia misma ha sido liquidada.
[1]

Por su parte la revista Cambio de la casa Editorial de El tiempo, publica cuatro miradas de ese mismo episodio: la de un historiador, Juan Carlos Flórez, la de un Jurista, Alfonso Gómez Méndez, la de un periodista conservador, Alberto Casas Santa Maria, y la de un expresidente conservador, Belisario Betancourt.

Como era de esperarse, las miradas de estos cuatro personajes dista mucho, en tanto que de un lado, estos últimos ( Alberto Casas y Betancourt ) reprendan la mirada de aquellos doctos, que centran los acontecimientos en un plano más pueril que político, es decir le quitan el perfil en su dimensión política y se centran más en asuntos baladíes, como por ejemplo el de la manera de conducir un vehiculo, o en el mundo anecdotario de su paso por Europa, el de su mal gusto para vestir, el de su manera de dirigirse a las masas, donde se destacaba ante todo, la manera de agitar su mano derecha, mientras la izquierda esta en su bolsillo y otras perlas que escribe el siempre ultra godo Alberto Casas.

Una mirada distinta, esta sí de alguna manera más acorde a la que debe tener un profesional de la Historia, la hace el ex concejal y ex candidato a la alcaldía de Bogotá, Juan Carlos Florez, quien comprime en dos cuartillas todo el proceso de antesala a la cobarde acción, de los victimarios ( es ridículo pensar que este hecho se le achaque a un sólo hombre ) además termina su apunte con una importante reflexión:

Gaitán murió, pero sobrevivió como poderoso mito, manoseado por simpatizantes y malquerientes, quienes lo criticaron despiadadamente, fueron incapaces de promover una política que abriera oportunidades a las nacientes masas urbanas y al campesinado. A cambio, dejaron que el sectarismo y las balas reemplazaran los argumentos y los programas.

Sesenta años después el país aún no logra dejar atrás el uso de la violencia, como continuación de la política, influyentes círculos, sin distingo de partidos, permitieron tras el magnicidio, por acción o por omisión, que la violencia se expandiera incontenible. Las tenebrosas guerrillas y paramilitares de nuestra época, hunden sus lejanas raíces en la violencia que arrecio el nueve de abril
[2]l


Como si fuera poco ahora hay que soportar otro anacronismo histórico, tal vez este esgrimido desde una profunda ignorancia por parte del Embajador de la República Argentina, que en su homenaje al caudillo liberal colombiano lo ubica a la altura de otros caudillos latinoamericanos, Getulio Vargas y Juan Domingo Perón. Sin embargo habrá que recordarle al señor embajador, que primero el perfil de ambos caudillos fue de dictadores de derecha, de corte fascista, que reprimieron a sangre y fuego todo intento de sublevación social ( Gaitan fue un defensor de la institucionalidad democrática ), y segundo que ambos se perpetuaron manipulando el marco jurídico constitucional ( ambos están más cercanos al actual presidente Álvaro Uribe Vélez ) y ambos se consagraron en la historia de sus respectivos países como hombres que “modernizaron” sus respectivas economías a sangre y fuego


La decepción más grande tal vez estuvo de parte de un documental ( History channel y caracol TV), que tuvo una excelente promoción y una ridícula producción, donde se hizo hincapié en si los tiros que penetraron al caudillo eran de la misma arma, donde entrevistaron a los mismos que participaron en la política de exterminio de la época: El general Álvaro Valencia Tobar, la viuda de un teniente coronel, etc., etc., etc., de parte de la tan promocionada participación del historiador y amigo del caudillo Otto Morales Benítez, ésta no pasa mas allá de la anécdota.

Recomendable eso sí el documental de la Deutsche Welle; Jorge Eliécer Gaitan El Fin de un sueño Colombiano, de la TV. Alemana, en su serie crímenes políticos dirigido por Michell Nicholls. Un trabajo sin más pretensiones que las meramente periodísticas e históricas.

El Paralelismo:

Transcurridos 60 años nada ha cambiado aún, las fuerzas de derecha se institucionalizaron, la legitimidad del Estado está socavada, las corporaciones tienen expedito el camino para allanar los recursos naturales del país, los inversionistas devengan aún más utilidades que en los años treinta, y los exiguos logros sociales de los trabajadores se ha ido a pique, es decir que vamos marchando a paso de cangrejo, como lo expresó en su penúltimo título Umberto Eco.

[1] El Espectador # 34.278 Pag. 16 A
[2] Revista Cambio # 769.Pág. 20.

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