miércoles, 15 de abril de 2009

HOLLMAN MORRIS: TESTIGO EN PELIGRO


Hollman Morris: testigo en peligro

Hollman Morris es uno de los periodistas más premiados del mundo. Y quizás el más amenazado en su país, Colombia. Habló con LNR sobre las FARC, el zapatismo, Ingrid Betancourt, Sendero Luminoso y la compleja relación entre la prensa y el poder político. The History Channel presentará sus investigaciones a partir de mayo
En 1993, cuando Hollman Felipe Morris Rincón inició el camino del periodismo ignoraba -ni siquiera lo soñaba- que no tantos años después se convertiría no sólo en un emblema del periodismo independiente colombiano, sino en uno de los periodistas más premiados en el mundo. Y tal vez el más amenazado. Hoy, igual que otros seis mil ciudadanos colombianos, Morris vive con custodia permanente y se moviliza en auto blindado.

A poco de comenzar la charla con LNR en Buenos Aires, adonde llegó para ultimar detalles de su nuevo programa, Tiempo real , que se difundirá por la emisora The History Channel (ver aparte) Hollman -de 40 años, casado con una periodista colombiana y padre de Daniela, "mi princesita", de 8 años, y de Felipe, "mi Hércules", de 5- dice cosas que explican, cabalmente, por qué escogió el periodismo como oficio, por qué el mundo lo reconoce como el mejor y por qué debe pagar el precio que paga por intentar aportarle a su país respuestas que ayuden a explicar el pasado, entender el presente y construir un futuro sin violencia.

Extremadamente amable, culto, reflexivo y de voz tenue, explica: "En mi casa siempre se hablaba de política, de los conflictos armados, de economía, de pobreza... y yo, desde muy pequeño, escuchaba todas esas discusiones y empezaba también a preguntarme de dónde venía toda esa tragedia. Más grande ya, al hacerme estas preguntas, me dije que el mejor camino para ir a buscar esas respuestas era el periodismo. El periodismo combina la aventura, el viaje, el ir a buscar, el meterse en lugares en donde pocos se meten, el ir a zonas difíciles... De ahí fue surgiendo la idea del periodismo que yo hago, que, por supuesto, no creo que sea un periodismo distinto del que hacían los grandes del periodismo, como Kapuscinski, mi maestro".

Le gusta ejercer "un periodismo que busque claridades para que nuestros hijos puedan vivir, finalmente, en un país sin guerra". Esa búsqueda permanente de respuestas y claridades le ha costado, y le cuesta, innumerables amenazas de muerte, detenciones, descalificaciones de la prensa oficialista y acusaciones del gobierno del presidente Alvaro Uribe. "El señor [Jorge Enrique] Botero [N. de la R: antiguo colaborador del canal de televisión Telesur] y el señor Morris se escudan en su condición de periodistas para ser permisivos cómplices del terrorismo", dijo Uribe a comienzos de este año.

En esa ocasión, Morris había llegado por sus propios medios al lugar que las FARC habían informado a la comisión civil y al Comité Internacional de la Cruz Roja, para garantizar la seguridad del operativo, donde entrevistó a los cuatro rehenes (tres policías y un soldado), quienes una vez en libertad denunciaron que declararon bajo amenaza de los guerrilleros. Sin embargo, Morris, que goza desde el año 2000 del beneficio de medidas cautelares de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), órgano independiente de la ONU, explicó que estaba en el lugar de la liberación como parte del rodaje de un documental sobre las FARC, para el cual acababa de pasar varios días con esa guerrilla. Por su lado, los relatores de la ONU, Frank La Rue, y de la CIDH, Catalina Botero, concluyeron que los dichos de Uribe "generan un efecto amedrentador y de autocensura en Colombia" y que "no se conocen pruebas que vinculen a Morris con actividades criminales".

-¿Qué hay de tu vida privada, de tu familia, con tantas amenazas de muerte recibidas?

-Se aprende a sobrellevar todo esto. Pero, igualmente, no ha sido fácil para la familia.

-¿Cómo fueron tus primeros tiempos de investigaciones, cuando la experiencia era un privilegio muy lejano todavía?

-Muy ingenuos... digamos, haberse sentido utilizado... Yo creo que todos los periodistas, pasado el tiempo, reflexionamos y recordamos aquellos primeros trabajos, en los que no había duda de que nos estaban mintiendo, engañando y utilizando. Y eso confirma que a los periodistas, en la mayoría de los casos, y especialmente en guerras o conflictos armados, todos nos quieren engañar, todos nos quieren utilizar.

-Ejerciste la docencia hasta no hace mucho. Hay una frontera muy fina entre este tipo de periodismo y el periodismo soñado por los que recién se inician. Esa idea de periodistas de película, superhéroes, salvadores del mundo... ¿coincidís?

-Sí, es correcto. Eso sucede casi siempre en las universidades, en los primeros semestres. Uno habla con los alumnos y se encuentra con esos sueños, que no son reales. El verdadero periodismo es contarle a la gente lo que todos los días hace la gente y, paradójicamente, no quiere ver. Y en el caso colombiano, la guerra no la quieren ver. Entonces, tú tienes que contarles la guerra. Y cuando Colombia sea consciente de la guerra, seguramente va a empezar a buscar soluciones. La realidad latinoamericana, y la colombiana en particular, no puede ser contada desde una sala de redacción en Miami; cuando comprendamos esto vamos a aportar algo en la construcción de este continente.

-Ryszard Kapuscinski siempre está en tus relatos, en tus recuerdos. Por lo visto, te dejó una huella imborrable.

-Es verdad. Yo siempre recuerdo y cito a Kapuscinski. Mira, en 2001 tuve la fortuna de compartir diez días con Gabriel García Márquez y con Kapuscinski en Ciudad de México, de tenerlos ahí como maestros, y siempre repaso un pequeño librito, una entrevista que le habían hecho a Kapuscinski allá por 1990 que se llama Los cínicos no nacieron para este oficio . Y yo les recordaba siempre la primera frase a mis alumnos: no estudien periodismo para salvar el mundo porque no lo van a salvar; simplemente cuenten lo que ven. Pero, ¿qué es lo que van a ver y qué son nuestras sociedades? En el caso de Colombia, se trata de una sociedad con 25 millones de pobres, un país que se debate en la guerra; entonces, ¿qué tipo de periodismo vas a hacer?, ¿dónde va a estar tu acercamiento al ser humano?, ¿cuál va a ser tu dedicación para descubrir a esos seres humanos que hoy se debaten en la guerra?, ¿cuál va a ser tu aporte para entender este conflicto? Y en el caso de América latina, para entender este continente, un continente que ha pasado por guerras, por dictaduras, por desaparecidos... Les digo a mis alumnos que el periodismo es una invitación a tratar de descubrirnos como latinoamericanos.

-¿Cómo está hoy el periodismo colombiano?

-El periodismo en mi país siempre ha estado amenazado. Amenazado por el narcotráfico, en la década de los 80; por la guerrilla, desde su nacimiento; por el paramilitarismo, también; por el político corrupto... Pero lo que nunca había pasado en la historia del periodismo colombiano, un periodismo que en tres décadas ha tenido a 170 periodistas asesinados, es que un presidente esté deslegitimando sistemáticamente a la prensa independiente: dicen de mí que hago apología del delito y que soy cómplice del terrorismo, y de Alejandro Santos, director de Semana, dicen que es un charlatán; sólo para darte un par de ejemplos. Cuando nuestros reportajes y nuestras investigaciones le incomodan al gobierno, nos descalifican y, peor que eso, nos estigmatizan.

Contar Colombia no es fácil. Y lo que más le duele a Morris es que el mundo conoció a Colombia por las FARC, y hoy el mundo habla de Colombia por Ingrid Betancourt. Las FARC son un capítulo en la historia colombiana, pero hay otras historias que jamás son contadas.

-¿Qué cambió en Colombia después de la liberación de Ingrid Betancourt?

-Yo te hago el siguiente análisis: para el mundo, sobre todo para el europeo, Colombia se convirtió en Ingrid Betancourt. Eso tiene una cosa mala, y es que la única lectura son las FARC, el secuestro e Ingrid Betancourt. Pero Colombia es un país mucho mas complejo; hay muchas más realidades. Esa búsqueda de Ingrid ayudó a tapar otras realidades, como la corrupción y las desapariciones forzadas. En otro sentido, la liberación de Ingrid, por supuesto, bienvenida sea. Fue una operación exitosa, pero que, insisto, se convirtió en una propaganda mediática utilizada por el gobierno para tapar otras realidades. La semana pasada, por caso, hubo una jornada en todo el mundo denunciando las ejecuciones de civiles, de manera sistemática, por el ejército colombiano. Y te estoy hablando de más de mil personas asesinadas, que fueron mostradas como caídas en combate cuando se trataba simplemente de campesinos inocentes. Les habían puesto uniformes para que parecieran guerrilleros y luego fueron asesinadas. Estamos hablando de una crisis política en la que una parte del partido político de Uribe está siendo investigado por sus vínculos con el paramilitarismo. Bueno, todo eso no sale en la prensa internacional. De lo único que se habla es de Ingrid Betancourt. Pero nadie te sale a hablar de la crisis política que ha llevado a veinte congresistas colombianos a la cárcel.

-¿Cómo es convivir con las FARC toda la vida?

-Yo diría: cómo es para un colombiano convivir con la guerra. La guerra en Colombia ha tenido varios protagonistas. Ha tenido el protagonismo de las FARC, el del paramilitarismo y el del narcotráfico. Mira, te doy un ejemplo: nosotros somos de la generación del ´68, y cuando nosotros íbamos a votar por primera vez, a finales de los 80, en el espectro político colombiano había tres escenarios: había un núcleo oficialista, con Luis Carlos Galán a la cabeza; estaba Bernardo Jaramillo, de la izquierda democrática, la Unión Patriótica, y también estaba Carlos Pizarro, que venía del monte, que había entregado las armas y era del M19. Para nuestra generación, los tres eran una alternativa, los tres nos enamoraban, los tres eran esperanza para Colombia, pero a los tres los asesinaron. Los asesinaron en una misma campaña presidencial, y eso a nuestra generación la ha marcado profundamente; por eso, como digo yo, pertenecemos a la generación a la que le mataron los sueños.

Todos los colombianos estamos cicatrizados por la guerra, unos más que otros, pero a todos nos ha marcado la guerra, y por eso hago un periodismo que busca respuestas.

-¿Respuestas a qué preguntas, por ejemplo?

-Mira: Pedro Antonio Marín, más conocido como Manuel Marulanda, o Tirofijo, fue el fundador de las FARC, una guerrilla campesina, y es impresionante ver cómo un campesino sin mayor educación logró conformar un ejército de más de 12.000 hombres y sostenerlo por más de 50 años en la historia de Colombia. Entonces, la pregunta es ésta: ¿qué hizo que el Estado colombiano, en sus sucesivos gobiernos, le diera durante tantos años argumentos y jóvenes a ese movimiento?, ¿qué hizo que Tirofijo tuviera las condiciones para hacer crecer un pequeño ejército inicial de doce hombres, que eran sus primos, a convertirlo en un ejército de 12.000 hombres en Colombia? Esas son preguntas que hay que responder.

-¿Encontraste las respuestas?

-No. Las sigo buscando.

-De todas las historias que te ha tocado contar, ¿cuál fue la que más te movilizó? Digo, desde lo humano más que desde lo estrictamente profesional.

(Piensa, suspira) -Es terrible ver muchas veces que has conocido a líderes, defensores de derechos humanos que han marcado tu vida, que te han enseñado cosas, tanto el líder formado en una universidad como el otro, el nato, que puede estar en una aldea y que simplemente está pidiendo que se respete la vida de su comunidad, y que al paso de los años están todos muertos. Por eso digo: ¿cuánto futuro se ha perdido en Colombia con el asesinato de cada uno de estos líderes sociales? Luego, de las historias que más me han marcado está la de la comunidad de San José de Apartadó. Allí, en 2005, dos familias fueron asesinadas; sus niños, de 11 meses, 4, 6 y 7 años, descuartizados frente a sus padres. Los campesinos de esa comunidad siempre señalaron al ejército como autor y a los paramilitares como cómplices, y ver después cómo el presidente Uribe sale en rueda de prensa para referirse al episodio sin pronunciar una palabra para que forzara una investigación por ese hecho. Todo lo contrario: le lanzó a esa comunidad un manto de sospecha porque decía que podían tener relaciones con la guerrilla. Dos años más tarde, pudo comprobarse ampliamente que el asesinato había sido ordenado por el ejército colombiano y los paramilitares. Esa historia no la olvidaré jamás.

Se afirma que la deslegitimación del trabajo de Morris por parte del poder político colombiano obedece a una razón muy sencilla: el periodista se las arregla para estar siempre en el momento justo y en lugar preciso donde se producen los acontecimientos para registrar y contar lo que ningún otro periodista, o muy pocos, cuenta.

Una prueba de ello fue cuando transmitió Toribio: la guerra en el Cauca , y demostró cómo la comunidad campesina e indígena de esa región del sur de Colombia vivía el miedo, el desplazamiento y la zozobra de los combates entre la guerrilla, los paramilitares, el ejército y la policía. La narración a través de imágenes y testimonios fue entregando los diferentes puntos de vista que ponen en evidencia cómo la comunidad terminó por convertirse en la única víctima de la guerra. Luego de ese trabajo, difundido por Canal Uno (actualmente fuera del aire por falta de financiación), Morris recibió varias coronas fúnebres en la puerta de su casa, anunciando su muerte.

-¿Creés que hay una uniformidad en América latina con relación al enfrentamiento entre los gobiernos y la prensa?

-Bueno, si hay una relación pésima entre el gobierno y la prensa, diría que ése es el estado ideal. Tiene que haber cortocircuitos. El periodismo tiene que molestar al poder. Si eso sucede, yo me atrevería a decir que todavía hay una prensa que incomoda al poder, una prensa que no se puede comprar ni manipular. Pero lo que más me preocupa es una prensa excesivamente oficialista, plegada incondicionalmente al poder. Lo digo porque un reciente estudio de una universidad colombiana refleja que el 70 por ciento de los colombianos percibe que la prensa es oficialista. Y por otro lado tenemos la televisión colombiana, que, a mi manera de ver, es excesivamente oficialista, y creo que esto también sucede en algunos países latinoamericanos.

-El enfrentamiento entre el gobierno y la prensa, tanto en Colombia como en Venezuela, parecen responder a un mismo guión. Entonces, ¿Chávez y Uribe son lo mismo?

-Buena pregunta. Yo creo que ellos cada vez se parecen más. Uno habla más bonito y el otro habla como es; uno se viste con corbata y el otro con uniforme, pero en el fondo cada vez se parecen más. Fíjate que Chávez apuesta a permanecer en el poder; hoy, el presidente Uribe apuesta a permanecer en el poder, y ya va para su tercer mandato. Aunque no resulta del todo claro y no se define, la señal que manda es que quiere quedarse cuatro años más. También hay una similitud entre ellos en que cada día el poder presidencial quiere copar aquellos mínimos controles que ofrece la democracia, quiere copar la Corte a su favor, y las procuradurías... Todo este sistema de pesos y contrapesos que hace a una democracia. El chavismo y el uribismo quieren lo mismo... y lo están logrando.

-¿Hasta dónde es independiente el periodismo?

-Yo creo que hay periodistas que hacen bien su trabajo, que logran, como decimos en Colombia, meter goles. Ahora, el fenómeno que estamos viviendo en toda América latina es observar cómo los medios periodísticos se están convirtiendo en la cereza de un conglomerado de empresas. Entonces, desde ese lugar, ¿qué margen de maniobra tienes para investigar? ¿Qué margen de maniobra puede tener un periodista que frente a un paro de trabajadores del azúcar va a investigar pero sabe que los dueños de su canal son los dueños del azúcar en el país? ¿Le dejarán pasar esa nota? Yo creo que no. Sin embargo, veo que hay blogs; está Internet, que, más allá de todo cuestionamiento, se ha convertido en un refugio para hacer un periodismo que no esté tan ligado a los poderes económicos. En el caso nuestro, me refiero a Productora Morris, hemos logrado hacer sobrevivir un proyecto periodístico que obtiene sus recursos de dineros de cooperación, de ONG, y eso hasta ahora nos ha permitido un libre un ejercicio de nuestro periodismo.

-¿En qué se diferencian Tirofijo, Abimael Guzmán y el Subcomandante Marcos?

-Tirofijo y Abimael Guzmán son muy distintos. Tirofijo viene de una guerrilla netamente campesina; en cambio, Abimael Guzmán es producto de la intelectualidad peruana; precisamente, Sendero Luminoso viene de la universidad y se lanza a copar el campesinado con sus doctrinas. Son muy diferentes. En cuanto a quién más me ha sorprendido, sin dudas ha sido el Subcomandante Marcos. Marcos no sólo está interpretando la realidad mexicana, como las FARC interpretan la realidad colombiana y Abimael la peruana, sino que va más allá de su frontera para interpretar la realidad latinoamericana. Yo lo percibo al escuchar sus discursos. Son discursos antiglobalización, antineoliberalismo e, incluso, va más allá de América latina. Fíjate que en cada convocatoria del zapatismo llegan gentes de otras partes del mundo: hay italianos, ingleses, gente que en algún lugar del mundo, como dicen ellos, se siente incómoda con el mundo dictado solamente por el capitalismo.

-¿Se puede asociar intelectualmente a Marcos con el Che Guevara?

-Son diferentes. Marcos hace todo un trabajo de meterse en las comunidades indígenas desde los años 80 y aprender desde ahí, aprender a interpretar el mundo desde la humildad indígena. Y es ahí donde Marcos empieza a entender dos cosas que son comunes a todos los indígenas de América latina: primero, que el yo no existe, existe el nosotros; en segundo lugar, la lucha por la tierra, que es común a todos los movimientos indígenas de la América latina. No habría lugar para el Che en estos tiempos que corren... Para un Che Guevara que reivindique hoy la lucha armada, me parece que no. Hay lugar, sí, para volver los ojos a un mundo más humano, para mirarnos y ver qué podemos hacer por el otro. Pero para mí eso no pasa por las armas. No creo en la reivindicación de la lucha armada.

-¿Pensás que la fama terminará por eclipsar al periodista?

-Depende. Para algunos, tengo mala fama.

Quién es Morris
Graduado en la Universidad Javeriana de Colombia como comunicador social y periodista, es un amplio conocedor de los conflictos armados y los derechos humanos. Fundó la Productora Morris y Comunicaciones. Conduce el programa periodístico Contravía , en la televisión colombiana, y documentales independientes. Es corresponsal de Radio Francia Internacional y colaborador para varias cadenas de televisión. Fue director del primer periódico interuniversitario de Bogotá, y autor del libro Operación ballena azul (Editorial Brand). Sus premios: Human Rights Defender, Nueva York, 2008; Premio Nuevo Periodismo Iberoamericano en TV, Monterrey, 2007; International Press Freedom Award, Toronto, 2006; Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar, 2004. Fue nominado a Periodista del Año Internacional, Reporteros sin Fronteras (2006 y 2007).

Es tallerista de la Corporación Medios para la Paz. En Francia se está rodando una película que cuenta su vida.

Así será Tiempo real
En las emisiones de Tiempo real Hollman Morris cruzará selvas, desiertos, sierras, ríos y ciudades describiendo y registrando América latina en tiempo real. Cada uno de sus viajes será una búsqueda en procura de un contacto directo con los protagonistas de historias que conmueven al mundo. Las FARC, Sendero Luminoso, los zapatistas, el narcotráfico, las luchas indígenas son algunos de los temas que Morris analizará y narrará para The History Channel a partir de mayo (más datos: www.history.com ).

Uno de los programas estará dedicado al Subcomandante Marcos y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, EZLN. Morris recibe un fax sobre un encuentro zapatista donde se conmemorarán los 25 años del nacimiento del EZLN y los 15 de la toma de San Cristóbal de las Casas, Chiapas. Preguntándose por la desaparición mediática de Marcos y el repliegue de los zapatistas en la selva, decide viajar a México y ver qué situación vive el zapatismo actualmente, dónde está Marcos y cuáles son sus proyecciones sobre el futuro.

[ 04/02/2009] [ Fuente: Revista la Nación ] [ Autor: Jorge Palomar ]

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